La última vez que el Atlético disputó una final, la última vez que estuvo cerca de un título, la perdió y bajó a Segunda División. Fue aquella una temporada extraña. Las previsiones eran buenísimas porque la calidad de plantilla daba para ello y terminó con el equipo en el «infierno» y el portero Toni llorando después de que Tamudo le robase un balón imposible y, de paso, la Copa. Era la temporada 99-00, una de las más dolorosas en la historia de la entidad. Aquella decepción comenzó un periodo oscuro y lejos de los títulos, que se puede acabar en el mes de mayo. Los rojiblancos regresan a una final, a un partido decisivo de los que estaban acostumbrados en épocas pasadas.
El equipo estuvo firme en Santander hasta los últimos minutos y se citó con el Sevilla sin sobresaltos. Hubo tiempo para que Quique diese descanso a algunos jugadores importantes pensando en la visita del Barcelona. El Racing no vio ni de lejos la remontada y ya en el descanso la afición y los jugadores atléticos pensaban con la final ante el Sevilla.
Desde el doblete, el Atlético no levanta un trofeo, algo que ahora tiene muy cerca y que pocos hubieran asegurado viendo la trayectoria del equipo en Liga o en la «Champions». Ni Abel ni Quique han conseguido que los rojiblancos jueguen bien varios partidos seguidos, pero ahí están, en la final. El sorteo le ha favorecido (sólo un equipo de Primera en el camino), pero como dice Cerezo: «Esto no es culpa nuestra».
Mientras llega el día, vuelve la Liga Europa, otra oportunidad para tener éxito y convertir una temporada que parecía mala en una en la que puede ganar dos títulos mientras sufre en Liga. Así es el Atlético diez años después de su última final.

Fuente: La Razón: Fútbol